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La explosión del periodismo: Internet pone en jaque a los medios tradicionales”

Por Ignacio Ramonet
Buenos Aires, 2011

Tomado de Etcétera

La obra se centra sobre la “conmoción” que viven los medios de comunicación ante la realidad de las nuevas tecnologías. Asegura que “el impacto del meteorito “Internet”, es comparable al que hizo desaparecer a los dinosaurios”, lo que está provocando un cambio radical en el “ecosistema mediático”.

En su versión, “la propia práctica periodística…debe ser reconstruida y reinventada”, porque el ADN de la información ha cambiado “hay que cambiar el ADN de los periodistas”. La “conmoción” no sólo tiene lugar en la prensa escrita sino también en la radio y la televisión. Las audiencias no crecen, los resultados comerciales arrojan pérdidas y los mejores  periodistas emigran al documental.

Estamos en presencia de un cambio de paradigma, de una verdadera revolución, que ocurre “con violentas aceleraciones y pausas frecuentes”. La información, dice Ramonet, ya no circula en espacios tradicionales, cerrados y controlados, propios de las agencias, diarios impresos y noticieros de radio y televisión sino que toma la forma de un “fluido que circula en segmentos abiertos por la Red casi a la velocidad de la luz”.
Los “web-actores” completan o reinterpretan las noticias en un trabajo de inteligencia colectiva en “progreso constante”. La producción fordista de la era industrial con “obreros especializados”, tan propia de los medios tradicionales, ya no funciona. El producto completo y final de ese modelo productivo dejó de existir. Lo que ahora hay es “una noticia en bruto” que se lanza “para después corregirla, modificarla o enriquecerla de forma permanente y en cualquier momento”.  Se trata de un “work in progress” y ya no un producto terminado.

El Internet no es un medio de comunicación sino como lo plantea Jeff Jarvis, profesor de periodismo en la City University de Nueva York, “es una sociedad, un espacio donde podemos conectarnos con los demás”. El modelo de negocio de los medios tradicionales ya es obsoleto. Como resultado de esta revolución, de manera paradójica, “la audiencia de la prensa escrita nunca ha sido tan importante”. Ramonet ofrece información precisa y abundante, para afirmar que nunca en la historia se había leído tanto los periódicos, pero ya no en el papel.

La novedad del cambio de paradigma, ahí está el papel y el soporte de las nuevas tecnologías, es que las personas que acceden a los contenidos de los periódicos o de la radio y televisión “quieren a su vez que se les lea y se les escuche”. La tesis central de Ramonet es que “la información ya no circula en un solo sentido. La lógica “vertical” que caracterizaba a la relación entre los medios de comunicación y los lectores es cada vez más horizontal y circular”.

Título original: L´Explosion du journalisme (2011). Escrita y publicada en francés. La traducción y primera edición en español es de 2011. La traducción de: Begoña Moreno-Luque.

Este artículo se publicó en Animal Político el 30 de diciembre de 2011, agradecemos al autor su autorización para reproducirlo en esta web.

El periodismo independiente no es neutral

diciembre 27, 2011 4 comentarios
Carlos Martínez

"Contra la neutralidad. Tras los pasos de John Reed, Ryzard Kapuścińsky, Edgar Snow, Rodolfo Walsh y Robert Capa"
Que los medios de comunicación estén cada vez más domesticados e s un hecho incontestable. La forma más directa y grosera de control de los periodistas es el empresarial. Pascual Serrano desarrolló este tema en su anterior libro “Traficantes de información”. Sin embargo este no es el único modo mediante el cual se coarta el derecho de “libertad de expresión”. Existen otras formas más subliminales por las cuales los periodistas, sin necesidad de dictado de un superior, trasladan la información a los ciudadanos en perfecta armonía con la ideología dominante.

Las grandes corporaciones que dominan la comunicación han impuesto una forma y un contenido para informar y, además, lo han normalizado, estandarizando la comunicación. Cualquier otra comunicación que no se equipare a este patrón normalizado automáticamente es etiquetado y rechazado como información “no-objetiva”. De este asunto trata el nuevo libro de Serrano, “Contra la neutralidad”, publicado en la editorial Península.

La experiencia de Pascual Serrano como periodista, tanto en medios burgueses como alternativos implica un amplio conocimiento de lo que significa ser neutral y no lo ser. Conoce desde las entrañas de un diario como ABC el modo de presentar como información imparcial lo que es una mera opinión del director. También ha vivido en primera persona cómo a la información alternativa se la descalifica continuamente bajo el pretexto “por no ser objetiva” . ¿Y qué mejor defensa ante este ataque dialéctico sino recordándonos la vida y obra de grandes periodistas que no quisieron ser neutrales?

En esta obra se repasa la trayectoria periodística de periodistas famosos tales como John Reed, Rodolfo Walsh o el fotográfo Robert Capa, otro reconocido especialmente en el ámbito del periodismo como Ryszard Kapuscinski, y a Edgar Snow desconocido para la mayoría lectores castellanohablantes.

Edgar Snow, periodista norteamericano, fue el gran cronista de la revolución china, su obra ‘Red Star Over China’ fue un best-seller en los años siguientes a su publicación (1937), que coincidieron con los años más duros del franquismo en los que era inimaginable que ese libro se publicase ni siquiera circulase en territorio español. Por supuesto, después de leer el capítulo dedicado al autor ya he descargado el libro de Edgar Snow en mi e-book para ser una de mis próximas lecturas.

Esto es precisamente uno de los aspectos más apreciables de “Contra la neutralidad”, la invitación a leer las obras maestras escritas por esos periodistas y recordarnos que es posible hacer un periodismo de calidad, comprometido y que contribuyan positivamente a nuestra formación personal.

Pero, a la vez que releemos a estos enormes periodistas, el libro permite repasar las grandes revoluciones populares del siglo XX, la soviética, la china y la malograda mexicana, lo que hace inevitable llegar a la conclusión de que no tiene parangón el compromiso ético de los revolucionarios soviéticos o maoístas con algunos auto-proclamados revolucionarios.

En el último capítulo del libro se nos advierte cómo la información que recibimos esta absolutamente descontextualizada, cómo sólo la información breve y sensacionalista tiene cabida en los grandes medios de comunicación. Esta forma de comunicación impide la comprensión del lector de lo que está ocurriendo más allá de datos como el número de muertos en un conflicto, este es el modo de vendernos la información. Sobre los contenidos de estos mismos medios, el autor ya nos puso en aviso en su anterior libro “Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo”, denunciando las manipulaciones que convierten la mentira en verdad.

En suma, un libro que junto a los dos anteriores, forma una trilogía que disecciona el periodismo, eso sí, de un modo no neutral, sino escrita con el corazón y el conocimiento. O cómo diría el propio K. Marx con los ingredientes para ser un buen comunista: la ciencia y la compasión.